Trabajo en ASPgems desde hace juentidós años

Esta carta ha llegado a mi correo de una persona que quiere permanecer anónima, porque da igual quién sea. Y es que, lo que cuenta nos representa a muchos, ¿todos?, los que trabajamos y vivimos ASPgems. ¡Disfrutadla como yo lo he hecho!

 

Lo que me cuesta y no me cuesta ASPgems

En este tiempo nos hemos comido unas docenas de marrones más o menos interesantes, unas cuantas BBQs y una crisis económica de la que aún nos estamos recuperando. Si en un año hay 52 semanas, calculo que he comido gratis unos 500 días, a veces mejor y a veces peor. A unos 10 euros el menú del día son unos pocos euros anuales.

Sin embargo a la oficina he venido unas 700 veces. 700 pueden parecer muchas, pero si pienso que cada vez que me subo al coche y lo pongo a 100km/h por la M40 estoy echando una papeleta en el bombo escondido de la muerte, he jugado realmente poco comparado con la mayoría de madrileños. Además, son menos de 50.000 km en 12 años. Es una distancia muy pequeña para lo que suele ser habitual en un trabajador que vive en las cercanías de Madrid. Por eso, mis visitas al taller han sido muy pocas, mis partes al seguro inexistentes y mi gasto en gasolina muy inferior al de la mayoría de mis convecinos. Calculo que mi gasto en el coche se reduce en unos 2.000 euros al año y que mi estrés por los problemas en el tráfico es puro trámite.

En estos 12 años me he puesto corbata 10 veces: un funeral, 7 bodas, un bautizo y una fiesta un poco formal. He trabajado desde mi casa miles de mañanas. También lo he hecho desde un refugio en Navarra, desde varias posadas en Asturias, desde Roma y desde Dublín, y, durante un año, desde un pueblo perdido en Texas, al sur del río Rojo. Estuviera donde estuviera siempre ha habido alguien guardando mis espaldas y, aún estando sólo, nunca he sentido soledad. Mi gasto en terapias, ansiolítico y drogas ha sido nulo.

ASPgems

Primeros años

En los primeros años viví el hype de la Web 2.0, de Twitter y de Ruby on Rails. Descubrí que me gusta estar rodeado de gente más inteligente que yo. Me obliga a aprender continuamente y hace que mis retos y metas personales sean un poco más altos. Me encanta ser el peor, el más lento y el que menos al día está. He hecho un master sin ir a ninguna escuela de negocio. Uno… o diez, porque he aprendido acerca de tecnología, de estrategia comercial, de neurodidáctica, de metodologías ágiles, de juegos de mesa, de filosofía, de gestión de personas, de física, de heavy metal, de teoría musical y hasta de fabricación de cerveza casera.

Además, como todo el mundo puede opinar sobre mí y yo sobre ellos, la dinámica de trabajo me parece muy sana. Odio decirle a alguien que ha hecho algo mal, pero lo hago, a ser posible de una manera constructiva. A veces esto último se me olvida y salen de mi boca sapos y culebras, pero nadie me lo tiene en cuenta porque me conocen, saben cómo soy y están seguros de que cuando a ellos les pase, yo tampoco se lo tendré en cuenta. Esto me ha dado siempre mucha confianza y por eso me atrevo a hacer cosas que en otros sitios ni pensaría en hacer. Porque si me caigo, aunque se van a reír todos, me van a ayudar a levantarme y me van a decir no sólo cómo no caerme sino cómo puedo ir más rápido sin caerme y es entonces cuando nos reímos todos. En todo este tiempo no me he gastado ni un euro en tiritas, ni en betadine, ni en reflex.

Llegando a los juentidós años

Tras el hype vino la crisis y con ella la falta de pasta. Pensé en irme cien veces y alguna vez me faltó muy poco pero un buen amigo me hizo ver que sólo era un calentón y que las cosas hay que pensarlas con la cabeza fría y la cerveza también. Mientras, algunos amigos míos perdieron su trabajo. Yo no; yo lo mantuve y el resto de mis compañeros también. Tenía un salario casi razonable y, además, podía recoger a mis hijos del colegio y llevarles a entrenar. Nadie ha tenido que cuidar de ellos porque yo estaba allí. He recibido en casa todos los paquetes de Amazon que pedía mi chica y he podido ir a la compra cuando no va el resto de personas. No sé lo que son los problemas de aparcamiento en los centros comerciales. ¿Había crisis? Sí. Pero para unas cañas, un montado de panceta y unas risas en la oficina siempre ha habido presupuesto.

Y además, me han pagado la asistencia a los eventos a los que he querido ir, me han proporcionado apoyo con el inglés y me han facilitado que me forme en lo que me apetezca. Y, como soy medio tonto, a veces no lo he aprovechado. Y, lo que tiene más delito, ¡nadie me lo ha echado en cara!

¿Y ahora que?

Ahora que parece que la economía está mejor mi sueldo ha mejorado y ha pasado de casi razonable a casi generoso. Y el equipo ha crecido y la dispersión geográfica también. Y con todo ello nos hemos organizado y compramos en grupo aceite, jamón y vino, y nos ahorramos unos eurillos que siempre viene bien. Pienso que porque no nos ponemos; pero un día nos vamos a liar la manta a la cabeza, vamos a poner bote y vamos a comprar nuestro propio restaurante. Y si no, tiempo al tiempo.