The good place

Hace 5 años conocí ASPgems

Yo descubrí ASPgems por un artículo en El País acerca de empresas que hacían tele-trabajo. Llevaba una búsqueda incansable al respecto y de pronto sin más, lo leo una mañana. Me hice un usuario de Twitter sólo para seguir a la empresa (las redes sociales no eran lo mío). Y pensé, el día que publiquen una oferta de trabajo, ahí estaré yo tocándoles a la puerta. Fue una decisión rotunda, sin vuelta atrás. Lo tenía clarísimo.

Como no era usuaria activa de Twitter, me llegaban los resúmenes los sábados de las cosas que me había perdido. Y un sábado invernal, unos dos meses después de aquel artículo, leí el tweet de mi vida: ASPgems había publicado una oferta de trabajo el miércoles anterior. Sin mediar palabra con mi familia, redacté lo más rápido que pude un email y se los envié. Recuerdo a grandes rasgos lo que puse, la verdad ante todo. Yo no tenía ni idea de Ruby on Rails, pero llevaba desarrollando más de 10 años. Tengo una fuerza de voluntad que mueve montañas y estaba convencida que no había una persona con más ganas de trabajar con ellos que yo. Hablo más de lo que cualquier humano puede soportar (eso también lo escribí). Después unas semanas que se me hicieron eternas, me respondió Ana Isabel ¡y la empecé a querer ese mismo día!

Tuve la entrevista más atípica que recuerde. Empecé con Daniel de la Mata, luego Javier Lafora y por último Agustín. Fue amor a primera vista, lo supe entonces y lo sé ahora. Dos semanas después, estaba entrando por la Calle Sextante, número 9 como empleada. Era el año 2013.

 

I´m in the good place

Hay una imagen de las primeras semanas que no olvido: 4 am “debugueando” un código por turnos con mi marido (compañero incansable de batallas) mientras el otro sostenía en brazos a nuestra primera hija que no dormía más de 2 horas seguidas. Y al día siguiente iba muerta del miedo con Agustín a ver al cliente. ¡Aquello fue tremendo, pero yo era tan feliz!

Han sido casi 5 años (interrumpidos por un año que no hice otra cosa que llorar por los rincones hasta regresar). Años en los que no cambiaría ni un sólo día. Levantarse de martes a jueves, con ganas de venir a la oficina es un lujo. Pensadlo bien, es todo un lujo.

Mi madre siempre ha dicho, que uno ama en la medida en que admira. Yo admiro a esta gente, sin lugar a dudas. No sólo su talento, que es muchísimo. Admiro su diversidad, ¡tenemos hasta un catalán en la empresa! -ha dicho la cubana-. Su bondad. Su hablar sin pelos en la lengua. Llamar al pan, pan y al vino, vino. Su sentido del humor. Su mal genio. Su compañerismo, del bueno, del que no se finge ni se compra. Su, ¡ve al grano!, tonterías las justas. Su “esto está casi completamente a medias” (© David Pérez).

Dentro de poco haré 40 años y me ha dado por hacer recuento. Saliendo de la oficina hace unos días pensé: I’m in the good place. ¡The real one! Rodeada de hijos e hijas de fruta, eso sí. Pero adorables.

Ismary Cruz