STEM, mujeres, pasión y trabajo

Hace un mes se celebró el Día internacional de la Mujer y las Niñas en la Ciencia y, a raíz de este día, en una conversación de cafetería, bueno de Slack, surgió la idea de contar por parte de las compañeras de ASPgems, qué recordaban de su etapa universitaria, o cuando dijeron que querían estudiar ingeniería, informática, teleco…

Y así es como se lanzaron a escribir este post que queremos compartir con todos. Estas son sus opiniones y vivencias, y nos ha parecido un buen momento publicarlo en esta semana.

Con permiso de ellas, y muy agradecidas por compartir sus recuerdos, les damos las gracias a: Ismary, Ana, Marina, Belén y Teresa.

Ismary

Yo nací en una familia de matemáticos en un pueblo perdido de Cuba. Profesores de matemáticas en su mayoría. En mi casa siempre se habló de ciencias y mi abuela rezaba a escondidas en su habitación porque en aquella casa no había cabida para Dios.

Abundaban las hojas con problemas de matemáticas por doquier, en la mesa del comedor, en la encimera de la cocina, en el baño. Había libros de matemáticas recreativas por cualquier sitio. Mi madre siempre estaba haciendo números y dibujando figuras geométricas.

Mi abuelo era el más talentoso sin duda. El viejo Primitivo era un genio, la verdad. Predicaba la «matemática alemana». ¡Aquello sí era una forma de enseñar!, decía. Pero a pesar de mi admiración por él, admiraba mucho más a mi madre. Fue una estudiante excepcional, mientras cuidaba de mi abuela que enfermó cuando ella tenía solo 16 años. Atendía la casa, cuidaba de su hermano y sacaba unas notas impresionantes. En un mundo de ciencias que era en su mayoría de hombres, mi madre consiguió destacar con muy poco a su favor. Y me enseñó a amar las matemáticas y a creer que era posible.

Cuando tuve que decidir entre letras y ciencias, la suerte estaba echada. Las letras me fascinan y me parecen la mar de interesantes. Pero ya yo tenía un amor…

Estudié Ingeniería Informática en la Politécnica de la Habana. Tuve que demostrar el doble que mis compañeros. Hice equipo durante toda la carrera con otra chica, Tamara Sánchez. Mujer valiente y talentosa donde las haya. Tuve clarísimo que quería otra chica de compañera de equipo. Fuimos matrícula de honor de nuestra promoción, con no pocos esfuerzos.

Si hago recuento, he llegado hasta aquí inspirada mayormente por mujeres. Y me siento inmensamente agradecida por ello. Ojalá consiga ser el mismo referente para mis hijos.

Ana

Mi nombre es Ana, y soy la responsable de producción y miembro del comité de dirección de ASPgems. Pero sobre todo, soy la hija de un obrero, un ajustador-matricero, que tenía dos trabajos para sacar adelante a su familia, y de una ama de casa que gestionaba el dinero que entraba con esmero para poder dar a sus hijas lo mejor.

Soy la estudiante que siempre sacaba buenas notas y a la que sus padres se esforzaron por facilitarle el camino para que alcanzara todas sus posibilidades. La que cuando dijo que quería estudiar informática nunca la preguntaron qué era eso, ni le dijeron que eso no era cosa de chicas. Por el contrario, ahorraron para comprarla su primer ordenador.

Soy esa chica que entró en una universidad plagada de hombres. La que decidió casarse con 20 años, a pesar de lo que se esperaba, ya que aún no había terminado la carrera. La que trabajaba y estudiaba a la vez. A la que su marido nunca recrimino por las horas que pasaba estudiando y no con él, sino que por el contrario, le animaba a hacerlo.

Soy la chica que empezó a trabajar en lo que más le gustaba, en informática. Siempre estaba dispuesta a seguir aprendiendo y a plantearse nuevos retos. No de todos salía victoriosa, pero de todos aprendía.

No siempre fue fácil, y para ser sincera, el ser mujer tampoco ayudó. Sin embargo, aunque profesionalmente me encontré gente que no se merece ser recordada, encontré compañeros que me apoyaban, reconocían mi valía, mis éxitos y me decían lo que hacía mal. Aún tengo la suerte de trabajar con algunos de ellos.

Mis hijos abrieron otra línea de aprendizaje, quizás mucho más dura que la anterior. Ante la disyuntiva de dejar de trabajar para atenderles, estaba segura que no lo debía hacer. Todo lo que yo aprendía se lo podía enseñar a mis hijos y era muy valioso. Además, no creo que les hubiera gustado tener una madre amargada a su lado por no poder hacer lo que le gustaba. Y mi marido, también en esto estuvo conmigo.

Escribir estas líneas, ha sido una propuesta de compañeras de ASPgems que no son técnicas, pero no por eso menos esenciales ( gracias por proponerlo ). Al plantearme qué escribir en el día de las mujeres en la ciencia, creo que mi mejor consejo es que “ Sus sueños sean más grandes que sus miedos”. No tienen porque ser científicas, ni técnicas, pueden ser lo que quieran y cuando las cosas no vaya bien piensen que siempre habrá otro camino que recorrer.

Pero que siempre, siempre, siempre, se rodeen de gente que las apoye y valore, y no dediquen ni un minuto de su tiempo a los que las minusvaloren. Al final del camino, mucho de lo que somos son nuestros sueños y el resultado de la influencia de los que nos han acompañado en ese trayecto. Y en esto yo tengo que reconocer que he tenido mucha suerte. Es lo que les recomiendo a mis hijos, y os aseguro que quiero lo mejor para ellos, y lo que le recomiendo a ellas.

Así que solo me queda decir gracias a mi marido, a mis hijos, a mi familia, a mis amigos y a mis compañeros por haberme apoyado para ser la mujer que quería ser.

Marina

Crecí en un pueblo pequeño y con escaso acceso a la tecnología para lo que hubiese sido normal en mi generación. Llegué a la carrera sin haber utilizado internet más que una vez en el instituto, en clase de informática. Mi primer ordenador fue un viejo sobremesa heredado que me duró hasta el último año de carrera, cuando pude comprarme a plazos mi primer portátil.

No tuve referencias femeninas en tecnología. Puede haber quien diga que nunca las necesité, porque siempre tuve claro mi objetivo; pero la realidad es que también hubo momentos en los que sentí, como muchas de nosotras, que no terminaba de encajar en un sector masculinizado e igual debería haber enfocado mi futuro a otra profesión.

Pero aquí sigo, tras 12 años desarrollando no me veo haciendo otra cosa con la que disfrute igual o más. Así que a todas las niñas y mujeres con inquietudes científico – tecnológicas que sientan dudas, sean propias o impuestas, les animo a que simplemente piensen qué les gustaría estudiar, en qué quieren trabajar o qué les apetece hacer en su tiempo libre.

Y para aquellas que necesiten algún otro empujoncito, decirles que, aunque el rol femenino aún esté muy invisibilizado en el sector, la ciencia y la tecnología está llena de mujeres. Buscad referentes femeninos y sus logros, inspiraros en las experiencias de otras mujeres y sobre todo rodearos de gente que os anime y apoye en vuestra libertad de decisión.

Belén

Yo creo que empecé en esto de la tecnología un poco de forma natural, creo, porque no recuerdo ninguna revelación, ni vocación, ni referente o sentimiento de pertenencia.

Siendo pequeña mi abuela me enseñó a cambiar los cables de los transformadores que había en casa y a hacer alargadores, porque era algo muy básico que me podía venir bien y para enseñarme que cuantas más cosas aprendiese a hacer por mí misma menos dependería de terceros. Luego aún de niña, y después adolescente, empecé a heredar ordenadores viejos de diferentes parientes y yo los cogía con gusto, los usaba, jugaba, empecé a abrirlos y posteriormente a desmontarlos y montarlos. Para mí era divertido e interesante.

Nunca me planteé por qué me los daban a mí y la verdad es que hoy puedo decir que lo agradezco. Hice varios cursos estando en el instituto y sin más cuando llegó el momento de plantearme qué estudiar le di una oportunidad a la carrera, sin tener mucha idea de en qué me metía pero donde me sentía a gusto, aunque también hay que decir que durante todos mis estudios previos también me he sentido cómoda dentro de la rama de ciencias.

Si te vas a dedicar a una carrera técnica deberías saber que es una carrera en la que vas a tener a pocas mujeres a tu alrededor, ya que hay una brecha de género muy grande. Todavía va a costar mucho recuperar ese alto porcentaje de mujeres que había en tecnología en décadas pasadas. La realidad a día de hoy es que, si te dedicas a esto, es muy probable que te cruces con cierta gente que te minusvalore y te trate diferente por tu género, y que te des cuenta de que tienes que enfadarte más y luchar muchas veces más por conseguir un mismo trato. Te cruzarás con quien desde su posición ciega, tristemente no verá más allá de su visión en blanco y negro. Todo esto son males que son una realidad en nuestra sociedad, que entre otras cosas tiene una idea bastante imaginativa de cómo debes comportarte según un rol de género.

También hay que decir que cada día hay más referentes alternativos a la mayoría impuesta hasta ahora, que están haciendo un trabajo increíble de pedagogía y de visibilización. Cada vez hay más grupos, más eventos y más gente con una visión más colorida. Esta carrera y esta rama es muy guay, si te gusta. Lo importante es que elijas lo que quieras y a partir de ahí tires, porque lo de arriba vas a tener que aprender a esquivarlo pero por lo menos que te pille haciendo algo que te gusta. Por eso yo prefiero trabajar con máquinas 😉

Teresa

Recuerdo perfectamente el primer día que escuche la palabra ingeniero. Tendría unos 8 años, por aquel entonces estaba cogiendo la costumbre de buscar en el diccionario las palabras que se mencionaban en clase cuyo significado desconocía. Recordé esa palabra hasta llegar a casa para tener a mano un tomo de enciclopedia o algo que pudiera explicarme qué es lo que significa “ingeniero”. La verdad es que me pareció increíble todo lo que un ingeniero puede hacer y me despertó mucha curiosidad. Así que corrí hacia mis padres y les dije convencida: «Papá, mamá, ya sé lo que quiero ser. ¡Quiero ser ingeniera!». Mi familia siempre me ha apoyado en todas las decisiones que he tomado y esta vez no iba a ser distinta.

Mi padre, una persona luchadora, inconformista y persistente en sus metas, sabe que conseguir objetivos en la vida es duro, pero no imposible. Él siempre me ha dado el aliento y la seguridad para creer en mí misma y conseguir lo que me proponga, a sabiendas de que el camino no iba a ser fácil. No he tenido nunca una referencia femenina cuando hablamos de tecnología, sin embargo mi mayor inspiración siempre ha sido mi madre, una mujer ante todo resiliente. Ella no ha podido estudiar ni decidir mucho sobre qué es lo que quería hacer en la vida debido, entre otras cosas, a la escasez de recursos que experimentó en su infancia, y por ello siempre ha luchado para que sus hijas seamos personas independientes y podamos tomar esas decisiones que ella no ha podido tomar.

Cuando tenía 10 años, en clase se me conocía como la niña que entrega los trabajos a ordenador y con el tiempo mis padres me apuntaron a clases de informática, por esa curiosidad que se iba acrecentando. Sin embargo mis resultados eran notablemente más altos en las asignaturas de letras y por ello, no se dejó de cuestionarme un día tras otro si iba a estar capacitada para ser ingeniera. Sin embargo, estos comentarios ajenos no me hicieron cambiar de rumbo, tampoco me afectó el porcentaje bajísimo de chicas que estábamos en clase (éramos cinco chicas entre 50 chicos), ni ciertos comentarios que he recibido en mi vida, tanto académica como laboral, sobretodo comentarios que me distinguían del resto de compañeros por el simple hecho de ser mujer.

Dedicar mi carrera a una materia donde apenas vemos figuras femeninas ha sido difícil. Me he topado con muchas trabas, muchos estereotipos, muchos comentarios que han puesto en tela de juicio mi trabajo y esfuerzo diario, incluso mis metas, pero creo que no debemos dar a nadie el poder de decidir sobre nuestra vida, ni sobre lo que queremos hacer con ella.

Photo by Kelly Sikkema on Unsplash